viernes, 16 de enero de 2009

Prejuicios

Leía anteayer la noticia del fallecimiento, a la edad de 93 años, de la encomiable Nancy Bird Walton, la primera mujer australiana que pilotó en vuelos comerciales. Me sorprendí a mí mismo al pensar que no tengo conciencia de haberme topado hasta ahora con una mujer piloto, y voilà, a los dos días me encuentro escribiendo estas líneas a bordo de un Saab 340 pilotado por la Srta. Hilda Röskilja, comandante en jefe de una tripulación de tres personas, incluyéndola a ella, que conduce a ocho pasajeros a lo largo de la geografía escandinava. La Srta. Röskilja, cuyo apellido se pronuncia como "rosquilla", y que es a un tiempo sueca y danesa -como no podía ser de otra forma-, cruza con pericia el azul celeste a la velocidad que le permiten los dos motores helicoidales y tremendamente ruidosos del aparato de factoría nórdica. Éste, que por su nombre podría ser la versión tuning del Saab 95 Aero, apenas se diferencia de sus hermanos terrestres salvo por las alas, ya que en tamaño rivalizan sin que exista un claro vencedor.
La Srta. Röskilja, que nos lleva de Copenhague a Örebro haciendo parada en Linköping -quien sabe si para ir a las rebajas-, me hace sentir como un niño cuya madre lleva al colegio junto a sus hermanos y a los hijos de un par de vecinas. Es decir, bien. No jugamos ni cantamos durante el viaje, pero tomamos café y leemos el periódico -salvo un servidor, que por no entender sueco se limita a escribir esto-.

De verdad que estoy orgulloso de ser español, pero ¿de verdad es incompatible con este tipo de cosas? Lástima de superpoblación...

martes, 13 de enero de 2009

Todas las búlgaras sois iguales


Lo que podría ser el título de una obra dirigida por el homólogo tracio del Arcipreste de Hita no es sino la evidencia de que, de vez en cuando, las generalizaciones no son tan desacertadas. Me cuenta mi amigo Opacuco, amigo y residente en Bulgaria, que lo ha dejado con su novia. La razón no es otra que a ella le gusta más la pasta que a un tonto un lápiz, y mi amigo se acaba de quedar sin curro.

No quiero, empero, que se malentienda el título del post. A lo largo de mi corta vida he conocido –de forma superficial pero suficiente para esta apreciación inexacta- a numerosas miembras del país balcánico, y siendo justo diré que los colores son muy variados. Así pues, partiendo de que hay chicas búlgaras muy majas y recatadas, igual que hay españoles altos, rubios y metrosexuales, también existe el topicazo que hoy traigo a colación.

Por primera vez me encuentro a Opacuco triste y compungido. Opacuco, que sin ser rubio es alto y profundamente metrosexual, tiene entre su haber cerca de tres centenares de chicas oriundas de esta noble tierra que han pasado por su cama desde poco antes de la última ampliación de la Unión Europea. Aunque al engorde de este fértil currículum renunció en un arrebato de amor durante algunos meses, el desengaño ha venido a llamar a su puerta. De pronto ha caído en la cuenta de que el imán que atraía a tan variado elenco de féminas no lo tenía entre las piernas sino en el bolsillo de la chaqueta. Lo cual no tiene nada de injusto, ya que lo que Opacuco busca en una chica, sea del lugar que sea, no es ni una conversación muy fluida ni entereza moral. Sin embargo, parece que últimamente había encontrado una estabilidad que no andaba buscando.

Lejos de amedrentarse, Opacuco ha decidido convertir una amenaza en una oportunidad, y en vez de volver a su España natal ha decidido montárselo por su cuenta. Esto no quiere decir que vaya a sustituir los cariños a que está acostumbrado por un pelador de nabos para marineros. En vez de eso, va a poner un gimnasio para mujeres. Vamos, como meterse en la boca del lobo.
De momento ha cobrado el finiquito, ha cambiado su coche por un billete de tranvía, ha alquilado un local y ha barrido la chorboagenda de su móvil de arriba abajo haciendo clientas para su cruzada empresarial. A día de hoy ya tiene una cartera de trescientas forofas que si Jerjes I levantara la cabeza la batalla de las Termópilas hubiera sido muy distinta. Vamos, que el éxito está asegurado. Mi única duda es de qué van a hablar las susodichas cuando estén curtiéndose el lomo en la romana. Quién sabe, tal vez terminen amotinándose y confinando a Opacuco al purgatorio de la sauna finlandesa. Una pena.