lunes, 29 de noviembre de 2010

El fútbol y yo

Nunca me ha gustado el fútbol. No sé si por llevar la contraria o porque procuro huir de cualquier fenómeno que mueva masas en una proporción irracional. En cualquier caso, me sorprendo a mí mismo en Amman, sin nada mejor que hacer, animando al Real Madrid en un partido contra el Barcelona que sin duda hará historia. No me da pena el Real Madrid, ya que recuerdo otra ‘manita’ a la inversa allá por los años noventa, que dio mucho que hablar.

Esta vez, decido bajar al bar del hotel, siguiendo las recomendaciones de mi jefe, que me ha pedido encarecidamente que refuerce mis activos comerciales aficionándome al fútbol. Lo bueno de ser español, y del Madrid, es que uno es capaz de ocupar el 90% del tiempo de una reunión hablando de deporte rey. Los jordanos son, además, grandes aficionados, con la diferencia de que el equipo preferido es el Barcelona. Entre camisetas, banderas y cantos –en árabe, al menos-, me siento tan abrumado que hasta le veo la gracia al asunto. El Barça hace un partido de diez y el Madrid termina con un bochornoso espectáculo de empujones más arrabalero que galáctico. Eso sí, Mourinho se va a casa como si la cosa no fuera con él. Qué flema la de los entrenadores.

Así que lejos de sufrir, no puedo sino empatizar con los asistentes al evento. Al final, en vez de salir escaldado, me voy con la barriga llena, muchos amigos de esos de un par de horas y habiéndome fumado un Romeo y Julieta nº1 que me ha sentado que no veas. Si es que el deporte une.

1 comentario:

Manolo dijo...

¡Vaya partidazo! A los que somos del Madrid nos duele, pero es que no tiene color cómo juegan unos y otros...